Redescubriendo Santurce
Un inventario de las particularidades geográficas y sociológicas
Conferencia ofrecida por: Dinorah Marzan
26 de agosto de 2009.
Conservatorio de Música de Puerto Rico
Esto podría comenzar diciendo: Señoras y Señores, damas y caballeros, bienvenidos a bordo de este vehículo híbrido, modelo cangrejo, que nos llevara a Santurcear. Iremos a veces volando, otras navegando por las Lagunas y el Estuario de la Bahía y la mayoría de las veces a pie, porque como ya ustedes saben de Barrio Obrero a la Quince, un paso es…
Recorreremos este territorio cimarron, esta capital del saoco esta península de lo imposible. Estaremos Santurceando, es decir adentrándonos en la cimarroneria a temporal de este pedazo de Caribe, de esta Nación Archipiélago. Estaremos recorriendo las penínsulas de esta isla con guille de continente.
Santurcear, según el diccionario de la real academia de la Quince es volver a recorrer las mismas calles, dejando otra huella, “es ver diferente, es ver el joven Ficus entre la grieta, mirar las tapas de acueducto de India, Ohio, Cuba… Es ver los árboles en sombra sobre la Casa Aboy y dejar que la nostalgia nos llene de esperanza” . Santurcear es remontarnos a los principios del tambor, que en clave retumba la conspiración de todos los días, el lamento de todas las noches. Quimbaracumbara cumbaquimbambam quimbaracumbara cumba-quimbaracumbara.
Fray Iñigo Abad y LaSierra decía de San Mateo de Cangrejos: “A distancia de tres cuartos de legua del puente, siguiendo la costa del mar hacia oriente, esta el pueblo de San Mateo de Cangrejos cuyos habitantes son negros, que se han liberado de la esclavitud. Hoy podemos decir: A dos o tres minutos del Puente Dos Hermanos, siguiendo la Ave. Baldorioty, la Ashford o la Fernández Juncos, esta Santurce, cuyos habitantes son un crisol de razas que quieren liberarse de la esclavitud de la violencia y de la pobreza, porque hay que señalar que el 59% de su población vivimos bajo los niveles de pobreza
Santurce cuenta con una superficie urbana de 3,257 cuerdas. Observen que al Norte colinda con el móvil océano, gran espejo…. Si observan hacia el Sur se encontraran con el Caño Martín Pena, en cuyo fondo hay más de un negrito. Al Este podemos deleitarnos con las Lagunas San José y Los Corozos y con el islote de la Huachinanga, refugio de aves marinas, amantes atrevidos y alambiques clandestinos. Ese viaje a la Huachinangaa era una deliciosa travesía a bordo de una capota de carro o de una nevera, pero sobretodo a escondidas de los padres. El muelle de partida era en Los Bravos de Boston, hoy camuflageado por Las Margaritas que, siguen siendo bravas, y que se deshojan diciendo me atrevo, si me atrevo, me atrevo, si me atrevo…
Pero, por favor no me distraigan y observen el vuelo decidido de las aves acuáticas, si se asoman un poco mas a la izquierda podrán observar a los pescadores del vecindario tirando sus trampas, sus líneas, para buscar el pescao fresco de cada día.
Si, efectivamente, todos estos terrenos fueron rescatados. Costas rellenadas, las familias enteras, hombres, mujeres y niños vinieron cargando con escombros para secar el mangle y levantar en socos una casita. Era el tiempo en el que estaba asentado el campamento militar Las Casas, era el tiempo de caminos de arena pinos y cocotales, era el tiempo en que surgió esta Villa Palmeras. Con el pasar del tiempo y a golpes, se fue levantando este vecindario, después, poco a poco, las casitas fueron sustituidas por un ramillete de viviendas publicas: Las Margaritas, El Mirador y así por el estilo… En efecto, todo esto es parte de la Península de Cantera, que ahora, como pueden apreciar exhibe su puente elevado, aunque debajo sigue sobreviviendo una comunidad de gente sin hogar ni esperanzas.
Pero, sigamos nuestro viaje, al Oeste podemos apreciar nuestra hermosa Bahía de San Juan. Por ahí va la lancha de Cataño, démosle paso. Va y viene incansablemente y cargada de asuntos legales porque, como ustedes saben: Los muchachos de Cataño no pueden contrabandear porque el gobierno tiene una lancha que juega con las olas del mar(l)…
Mi gente, desde aquí arriba es más fácil descubrir que Santurce es el brazo de tierra que comunica la isleta de San Juan y su Puerta de Tierra, con la tierra firme. Los dos puentes enlazan la vida de la capital con el resto de la isla grande. (Si, ese puente de Condado todavía no lo han terminado, parecería ser que Tito Kayak lo maldijo cuando se escapo de Paseo Caribe. )
Y es que Santurce es una tierra que une, que enlaza, que amarra, un lugar donde se aglutinan los vientos alisios, un espacio para llegar y partir, para anclar y transformarse. Conserva su espontaneidad pueblerina, su hospitalidad refrescante, su común-unidad de traqueteo, su odio al chota. Su gente sigue teniendo la cimarronería entre cuero y carne, si tienen duda chequeen el andarcito fantoche, fíjense en el discreto brinquito que empuja al cuerpo hacia delante, siempre adelante. O como diría Rubén Blades: Por la esquina del viejo barrrio lo vi pasar, con ese tumbao que tienen los guapos al caminar….
Elevándonos mas podemos apreciar sus desniveles topográficos que van desde el nivel del mar hasta los 32 metros de altura. Santurce es una península cruzada por una cadena de cinco colinas orientadas de Este a Oeste. Alto del Olimpo, Alto de la Olleria, Alto d Latimer, Alto de la Iglesia, donde se encuentra la Iglesia de San Mateo, y el Alto de Ubarri o como le mientan, el seboruco, donde se siembran para la eternidad a sus hijos.
Sin duda ese cementerio de Villa Palmeras es el mejor lugar para resucitar. Allí están Rafael Cortijo, Ismael Rivera, Coll y Cuchi, Don Pepe Ferrer Canales, Dona Sylvia del Villard, Pellin Rodriguez, Tito Henriquez que sigue cantando aquello de: Que lindo cuando el sol de madrugada, desgarra el negro manto de la noche…
Pero si colocan su mano derecha sobre su corazón se percataran de que Santurce tiene otros desniveles en los bolsillos de sus habitantes. Por un lado exhibe la vida de opulencia de los Hoteles del Condado y por otro enseña los estragos de la pobreza que tiñe de violencia al residencial Llorens Torres y a su narcocontrincante, la barriada Playita, Una playita que la única ola que la arropa es la ola criminal, una playita que tiene el dique de la familia Cepeda y su aportación cultural. Una playita que se come un cable y se chupa el bombón de Elena porque Elena toma bombom, toma bombom Elena Elena toma bombom, toma bombom Elena…
Los terrenos bajos al lado de las lagunas y los canales eran ciénagas y bosques de mangles ideales para esconderse y sobrevivir, hasta el día de hoy. Y si le quedan dudas vaya por Barrio Obrero Marina y descubra los múltiples acentos del caribe cimarron e indocumentado. Santurce hoy sigue siendo un perfecto lugar para esconderse adentrándose por debajo de los socos que elevan las casas en Cantera o Barrio Obrero, tropezando con chatarra y gallineros, conociendo los vericuetos clandestinos a prueba de guardias, así vive mucha gente, muchas familias. Santurces sigue siendo un litoral de callejones como laberintos que hoy, en pleno siglo XXI, sirve de guarida a cimarrones urbanos.
Aquellos negros y negras Cimarrones que fundaron a San Mateo de Cangrejos, que lo arriesgaron todo por un sueño trajeron a esta orilla sus ritmos de África mezclados con las culturas de sus respectivos amos holandeses, ingleses o franceses. Vinieron con todo y sin nada y fueron mezclándose con los negros y las negras libres de Puerto Rico, con los mestizos, fueron mezclando sueños, dolores, sabores, valentía y esperanzas. Los Cortijo, los Nurse y los Pizarro fueron de los fundadores de esta región y todavía su estirpe hanguea por la Eduardo Conde, la Calle Loiza y Ocean Park.
En el principio Santurce se extendía desde Piñones, con su Boca de Cangrejos, pasando por Isla Verde, subiendo por el Seboruco, bordeando lo que después se conocería como Barrio Obrero, cruzando Villa Palmeras, el Condado y el Condadito hasta llegar aquí, a mirar el mar, a Miramar.
Pero desde siempre Santurce ha sido una comunidad valiente y unida que supo defender con coraje y arrojo a invasores ingleses y holandeses. Por su fama de combatientes la Corona Española, los convirtió en un pueblo en 1773, a petición de Don Pedro Cortijo, Capitán de las Milicias de Moreno. Así Cangrejos obtuvo su propio delegado ante la Corona Española.
Pero siempre hay un pero y el pero esta vez es que el 22 de junio de 1824 llego a Puerto Rico Pablo Ubarri Capetillo. Chacacachan. Llegó como terrateniente y concesionario de una línea de ferrocarriles. Ubarri se convirtió eventualmente en el Conde de Santurce por un decreto de la Corona de España. Y en 1880, después de la llegada del tranvía de vapor, este Conde, que era un enemigo voraz de la colonia de negros fundadores de Cangrejos, se dedico desde el Ayuntamiento a oponerse a la alcaldía y a abogar porque se le cambiara el nombre de San Mateo de Cangrejos por el de su patria chica, Santurce, una región sardinera del País Vasco.
Hay pocas cosas buenas que se pueden decir de este personaje, Ubarri, dentro de su currículo se destaca que fue fundador de algunos de los movimientos que se oponían a la autonomía de cualquier poblado. Para conseguir todos sus planes fomentaba el mantener en la ignorancia a los pobladores de la Isla. Otra de las metas, que de hecho nunca logro alcanzar hasta el día de hoy, fue la de eliminar a la población negra de esta región. Para que se retuerza en la tumba Ubarri, todavía Santurce esta lleno de las caras lindas de mi gente negra son un desfile de melaza en flor…
Aquí la resistencia se logro fortaleciendo la unión en los caminos de arena, noches con postes de luna y manto de estrellas y casitas de madera con techo percutido por los aguaceros. Desde siempre Santurce ha sufrido innumerables fallidos atentados para desplazar su población, borrar su historia y apropiarse de su privilegiado territorio. Esperanza Inútil.
Esa canción me hace pensar, obviamente, en Daniel Santos, nuestro inquieto anacobero y si digo Daniel se asoma por ahí también Andy Montañés. Ellos nacieron en los terrenos que están detrás de los talleres del tren. Fíjense que todavía podemos pasar por debajo de la vía del tren en el pintoresco sector de Trastalleres. Las casas bailaban al pasar el tren y en mas de una ocasión se escucho aquello de: Quitate de la vía Perico, que hay viene el tren…
Mas adelante, siguiendo el conteo regresivo de las antiguan paradas de guagua esta la Quince y su fama, esta la calle Cerra y su catedral de la buena música, en donde oficia el reverendísimo Don Viera. Y subiendo la cuesta, en la Ponce de León, esquina con la Hoare, esta las nuevas facilidades del Conservatorio de Música de Puerto Rico, un edificio precioso, rescatado del abandono que tuvo por décadas lo que fue el Colegio de Niñas. Un lugar abierto a los vientos alisios, de cara a la Laguna, en donde se cocina el salmorejo cultural que ofreceremos como plato principal en este viaje.
Santurce es mi patria chica y como habrán visto yo no puedo ser objetiva pero es que en Santurce hay de todo, menos calles con control de acceso. Hay mar, lagunas, colinas, llanos. Una tierra ganada de buena manera, a golpes, a luchas, a sueños. Su gente rítmica, poli rítmica refrescada por lo que el viento trajo a sus orillas. Su gente valiente, que va pa lante, que sabe tirar la piedra y esconder la mano cuando es necesario. Adoro a sus orillas de desnivel socioeconómico pero de belleza uniforme, porque si linda es la playa del Condado, la del Ultimo Troley no se queda atrás. La laguna del Condado tiene mística, es mas, hasta un bolero le escribió Silvia Rexach pero la Laguna San José es preciosa, sobre todo en las noches de luna llena, cuando sale esa pelota luminosa que cruza el Puente Teodoro Moscoso sin pagar peaje y alumbra todo Villa Kennedy para que Daddy Yankee pueda divisar a su barrio fino, finísimo.
Ya dijimos al principio que Santurcear “es mirar diferente, es ver el joven Ficus entre la grieta, mirar las tapas de acueducto de India, Ohio, Cuba… Es ver los árboles en sombra sobre la Casa Aboy y dejar que la nostalgia nos llene de esperanza” De una esperanza útil.
¡Familia!, hemos llegado, se les acabo el vellón, gracias por su patrocinio, los esperamos el próximo mes para Seguir Santurceando. Aunque es probable que nos veamos otra vez al doblar cualquier esquina de la vida. Cuidado al bajar. Muchas Gracias.
